Una de las peculiaridades del mes de septiembre es la vuelta a la realidad pasados unos días de desconexión y de descanso. Este mes nos ofrece un contacto directo con nuestro momento laboral, con sus pros y sus contras. Sin duda, es una oportunidad para detectar aquellos aspectos a mejorar, pero también para consolidar o potenciar los que más nos motivan. Si durante estos días nos damos cuenta que nuestra ‘rutina’ no nos satisface, y uno siente que se va volviendo gris, especialmente a medida que entramos plenamente en nuestro ritmo diario, merece la pena pararse un momento y tomar nota. Y no hablo de tomar nota metafóricamente, sino de forma literal: igual es una nota escrita, una lista, una frase que te resonó, o quizás sea un dibujo. ¿Qué siento, cómo veo mi trabajo hoy, qué deseo, qué intuyo…? Bien, ¿Y qué hacer con esta nota? Déjala en un lugar visible, que te sirva de recordatorio para que, cuando puedas dedicarle la energía que requiere la revisión profunda de este aspecto, la puedas recuperar. En este momento de oro, la rentrée, salen cosas que es importante cazar al vuelo, antes de adormecerse y fundirse totalmente con nuestro ritmo de vida.

Desde muy joven, estoy convencida de que el trabajo tiene una dimensión importante en la vida. Por ese motivo es vital que nos aporte un sentido. Era de aquellas adolescentes que calculaba las horas que tendría que trabajar en la vida adulta, unas 40.000. Ante esta evidencia en forma de tiempo, lo que veía era una gran oportunidad para invertirlo en algo que me gustara y me hiciera sentir realizada. Entendía que si hacía algo sin interés para mí, perdía una gran oportunidad. Incluso temía encontrarme haciendo algo que, francamente, no me gustara. Entonces la condena de las horas me parecía demasiado grande. Por aquella época, era una joven idealista. Hoy, después de haber trabajado más de 18.000 horas, pienso más que nunca, que es importante que este espacio de vida tenga sentido.

Estos días estoy aprovechando el momento, reflexionando acerca de algunos cambios para mejorar mi día a día laboral. Cada septiembre sirve de termómetro para revisar cómo se vive y cómo se siente uno respecto a lo laboral; un termómetro que va del gris oscuro al multicolor. Pero también es un momento excelente para replantearse cosas, repensar e incluso intuir o impulsar un cambio.

¿De qué color es tu septiembre?

I por si sientes que es ahora tu momento de hacer una reflexión, revisar y quizás replantear algun aspecto de tu universo laboral, te dejo algunas propuestas para trabajarlo con pensamiento visual:

Talleres septiembre

Programa de trabajo individualizado (Puedes contactar conmigo para más información)

LibroZöN. Un plan para reinventarse gracias al pensamiento visual”. Para un trabajo calmado en solitario.

 

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